viernes, 30 de diciembre de 2016

El cielo del Invierno

Esta es una afición cara y fría, me dijo D. Enrique Pereira de Lucena,  avezado astrónomo de recorrido trasatlántico.
El que sea cara  o no depende sólo del aficionado, por lo que considero relativo el concepto. La luz de los astros viene siendo gratuita, al menos hasta ahora. Su contemplación está incluso exenta de impuestos, tasas y gravámenes. Aunque es mejor no abundar en el tema para evitar el riesgo se sugerir ideas que al final hagan bueno el aserto del compañero Enrique.
De lo que sí doy fe es de que es fría, sobre todo en estas estaciones de noches largas en las que Orión domina el cielo y la escarcha la tierra. Aunque, como nos dice la sabiduría llana, no hay mal que por bien no venga, y en estas noches gélidas todos los sensores están refrigerados, sin necesidad de habernos gastado un pastizal en artificios, y presentan una relación señal – ruido mucho mejor que en el Verano. A parte de que en la estación estival a estas estrellas les da todos los años por tomar el sol, y no hay manera de verles las espicas.
En esta entrada espero poder serviros, calentitas ya, las imágenes que consiga obtener de los polícromos e impresionantes cielos invernales.

Las Pléyades.
Dado que ya les dediqué una entrada, y aunque habría mucho más que decir y escribir de este cúmulo abierto, ahora voy a limitarme a insertar la más reciente de las varias imágenes que he tomado, con incierta fortuna, de estos míticos astros.

Lugar: Camuñas (Toledo)
Fecha: 221216
Telescopio: SW ED 80/600 con reductor de focal x0,8
Cámara: Olympus OMD E-M5
Montura: Orión Skyview Pro.
Guiado: Lunático. Luna QHY 5 II
17 x 5´ Sin darks ni flats ni biass
Programas: PHD Guiding, DSS, ST y PS.

La región de Alnitak
Alnitak es, de “Las tres Marías”, la más meridional, la más cercana al horizonte. Junto con Alnilam y Mintaka conforma el asterismo conocido como “Cinturón de Orión”.
Entre otras, esta estrella tiene la particularidad de habitar una región plagada de nebulosas de todo tipo, de emisión, de reflexión y oscuras.

Aquí conviven la luminosa Flama (NGC 2024) con la más famosa de las nubes de polvo: La oscura nebulosa de absorción conocida como Cabeza de Caballo (Barnard 33), sólo visible porque detrás está la nebulosa de emisión IC 434, que ilumina su fondo y provee el necesario contraste.
Lugar: Camuñas (Toledo)
Fecha: 221216
Telescopio: SW ED 80/600 con reductor de focal x0,8
Cámara: Canon 600D modificada
Filtro: UHC-S
Montura: Orión Skyview Pro.
Guiado: Lunático. Luna QHY 5 II
17 x 6´ Sin darks ni flats ni biass
Programas: PHD Guiding, DSS, ST y PS.

M 78

M78 es una nebulosa de reflexión situada en la constelación de Orión, cerca de la estrella Alnitak. Más o menos aquí:


Esta pequeña nebulosa habita una región del universo  (Orión) que es una verdadera orgía de luces y colores, por lo que poca gente piensa en ella cuando se cita la constelación.
Su azulada belleza discurre con exquisita discreción por los cielos nocturnos del invierno, a la “sombra” de sus  potentes vecinas M42, la Flama y la nube Cabeza de Caballo, que atraen con más fuerza las miradas.
Para el aficionado común y corriente, obtener una imagen impactante de M78 demanda más esfuerzo que el que requieren sus vecinas, pero vale la pena procurarla, y el frío, y los numerosos intentos fallidos.
Las jóvenes estrellas azules que alumbran la nebulosa junto con el contraste que aportan las nubes de polvo oscuro que la circundan, componen uno de los paisajes más hermosos del cosmos. La plenitud de su belleza está muy lejos del alcance de mis instrumentos, pero confío en que con la imagen que muestro en esta entrada, transmitiré una idea de lo que hay allí, a la izquierda de Alnitak, la bien acompañada.

Estos son algunos de los datos astronómicos del objeto:
Distancia: 1600 AL.
Magnitud aparente: 8.3
Tamaño aparente: 8´x 6´
Radio: 5 AL.

Este el objeto:



Y por último los datos de la toma:

Lugar: Camuñas (Toledo).
Fecha: 291216.
Telescopio: SW ED80/600.
Montura: Orión SkyView Pro
Cámara: Canon 70D a foco primario
Guiado: Lunático Luna QHY5II
Exposición: 18 tomas de 5´. Sin Darks ni Flats Ni Byass
Apilado: DSS.

Procesado. ST. y PS.



martes, 27 de diciembre de 2016

Urano

Urano
Urano fue el primer planeta descubierto mediante el uso de un telescopio.
El feliz hallazgo se produjo en el día 13 de Marzo de 1781, y el autor del descubrimiento fue William Herschel, según la historia. Aunque considerando que el célebre astrónomo trabajó siempre codo a codo con su hermana Caroline (también célebre astrónoma y descubridora de 8 cometas) no resultaría extraño que el feliz avistamiento y la necesaria observación sistemática para verificar que se trataba nada menos que de un planeta hasta entonces ignoto, se les deba a los dos. Que, por cierto, antes de ser astrónomos fueron músicos.
Para mis instrumentos y mis conocimientos Urano está muy lejos y muy poco accesible. No obstante yo lo intento, y aunque los resultados no son muy vistosos, haré un paréntesis en el que encerraré la debida prudencia y aun la vergüenza, y pondré el último de mis intentos bajo estas letras. Es el mejor hasta el momento, así que se puede imaginar cómo serán los anteriores.
En esta imagen puede verse, aunque poquito y mal, el citado planeta con cuatro de sus satélites, todos ellos dotados de sugerentes nombres.  Ariel, Titania, Miranda, Umbriel y Oberón.

Hechas la presentaciones, aquí  pongo esta imagen que, como mucho, podría inducir al observador a que imagine, pues ver, ver, lo que se dice ver se ve poca cosa, nada que sugiera que estamos ante un retrato del primer gigante de hielo del sistema Solar.


Lugar: Camuñas (Toledo)
Fecha: 261216
Telescopio: SW Maksutov Cassegrain 127/1500 + Barlow X 2 (F 23)
Cámara: ZWO ASI 224MC.
Programas: RegiStax 6 y PS.

Bueno, Para ubicar los satélites y saber cuál es cuál, mas que nada por si tenemos que dirigirnos a ellos para algo, pongo aquí una copia de la imagen con los correspondientes rótulos insertos.




domingo, 27 de noviembre de 2016

Las Pléyades


Las Pléyades (Objeto Messier 45), forman uno de los cúmulos abiertos más cercanos a nosotros. Situado a tan sólo 450 años luz (cuarta arriba o abajo), son perfectamente visibles sin mediación de lentes ni espejos de aumento.
Esta peculiar reunión de estrellas ha recibido, a lo largo del tiempo, nombres tan sugerentes como “Las siete Hermanas”,  “Las siete Cabrillas” o “Los siete Cabritos”.
Los antiguos griegos, que las llamaban en su lengua “Las Palomas”, pronto les encontraron una utilidad práctica para sus vidas cotidianas: Las usaban para realizar valoraciones de la agudeza visual de la gente.
Los oculistas helenos pedían a sus pacientes que mirasen al cúmulo y declarasen el número de estrellas que veían en él. Si afirmaban que percibían siete es que veían bien y, por tanto, no eran buenos clientes para el facultativo de los acais (¡Coñ! era la A). Si veían menos es que algo había de falta, y algún dracma se podía sacar en concepto de consultas y sabios consejos. Si veían una informe mancha pálida, la cosa ya podía necesitar un tratamiento que, aunque de inciertos resultados clínicos, seguro que podía cambiar de bolsa algunos estáreos o  tetradracmas. Si no veían nada, ni siquiera la vecina Aldebarán, o Sirio, ya es que el tema estaba para ser derivado a los Oráculos.
En general, y como vengo diciendo, el cúmulo es perfectamente visible cuando discurre por el cielo nocturno, aunque en determinadas circunstancias se haga necesario recurrir a la visión lateral o periférica.*

Dada su visibilidad y la fuerza de su presencia en el cielo nocturno desde el final del verano hasta el final del invierno, las Péyades han suscitado la atención de todas las culturas y mitologías humanas, en todos los tiempos, figurando en los libros más antiguos y emblemáticos de que se tiene noticia, tales como la Torah o Antiguo Testamento, el Mahabarata, la Odisea o la Iliada entre otros.
Por “Mul-Mul” las nombraban los sumerios. Para los antiguos Hindúes su nombre es Krttyk, y estaban felizmente casadas con los Rishis (siete estrellas de la Osa Mayor), estado civil que no disuadía de desearlas al dios del fuego Agni.  Como las hijas de Pléione y del titán Atlas las conocieron los griegos. Los por entonces muy lejanos mayas, las mencionaban en el Popol Vuh o Libro de los Consejos, una recopilación de relatos que pretendía contener las respuestas a las atávicas  preguntas, aún vigentes, sobre el origen del mundo y de la humanidad, así como explicar los fenómenos que acontecen en la naturaleza, y todas esas cosas. Para ellos, el nombre del cúmulo era Motz, algo así como “Montón”.
La astronomía actual, escéptica ante las incuestionables revelaciones de las mitologías (también de las actuales), estima por sus mediciones que las Pléyades son un cúmulo de estrellas muy jóvenes, que se encendieron durante el periodo mesozoico de la Tierra, hace unos 100 millones de años. Su primera luz, por tanto, ya pudo ser recibida por ojos terrestres, ya había dinosaurios y otras muchas especies animales y vegetales que pudieron ser testigos del celeste natalicio.
Hay quienes aseguran que nuestro Sol pertenece a ese cúmulo, Pero las cifras lo desmienten. El conjunto de estrellas, que no son 7 sino más de 500 abarca una extensión aproximada de unos 12 años luz y, pese a su cercanía relativa de nuestro sistema, los 450 años luz que nos separan, así como la inmensa diferencia de edad entre aquellas estrellas y esta nuestra, son más que suficientes para situarnos fuera del cúmulo, pero la realidad es no pocas veces diferente del sueño y del deseo. Aunque no siempre es menos bella.
Yo, mi telescopio y mi cámara, damos fe de que este cúmulo tiene tanta belleza, visto tal como es, que no necesita antropomorfos “pleyadianos”  altos y rubios,  ni la contribución del arte y de la imaginación humana para mejorar su aspecto.
Pongo aquí la primera imagen que considero presentable de las varias aventuras fotográficas que me han llevado a dirigir mis bártulos a esas 3h. 47m. 10s. de Ascensión Recta y esos  +24º 7´ 32” de Declinación.



*Visión lateral o periférica.

Las células fotoreceptoras situadas en la retina se conocen como bastones y conos.
Los conos, concentrados en la fóvea (pequeña depresión de algo más de un milímetro cuadrado que ocupa el centro de la retina), se encuentran capacitados para la visión directa, aguda y detallada.  Están situados en el eje óptico. La luz que recorre el eje óptico se percibe con toda su resolución y su color, y es captada por estos conos, mientras que los bastones, situados  a unos 20º en las periferias de la fóvea, o sea fuera del eje óptico, visibilizan objetos de escasa luz, son muy sensibles, tanto a la luz como al movimiento, pero no captan color. Su gran ventaja y utilidad es que nos permiten ver objetos que escapan a la visión directa. Por eso hay veces en que cuerpos celestes débiles o difusos se ven mejor si en lugar de mirarlos directamente se mira a sus inmediaciones. Es decir, se utiliza la visión lateral.

domingo, 13 de noviembre de 2016

Superluna

Cuando se produce la feliz coincidencia entre el plenilunio y el perigeo lunar acontece el fenómeno conocido como “Superluna”. Dependiendo de la precisión que tenga esta coincidencia, unas superlunas pueden ser más superlunas que otras.
La que sucederá mañana, lunes 14 de Noviembre de 2016, es una de las más notables. No se veía algo así desde hace 70 años.
La diferencia en el tamaño aparente es apreciable, en especial si se compara con la “Microluna”, que se produce cuando el plenilunio coincide con el apogeo orbital.
No pondré porcentajes ni más rollo. En este caso, nada mejor que una imagen para mostrar la diferencia.

Aquí va.

Que la disfrutéis.


lunes, 7 de noviembre de 2016

Tiempo de Orión

Orión continúa persiguiendo a las Pléyades por los cielos.
El Toro sigue interponiéndose entre el cazador y las jóvenes estrellas objeto de su deseo. No hay avances apreciables en el antiquísimo lance, ni retrocesos. Nada ha cambiado en esta escena, al menos desde los tiempos a que alcanza la memoria de la humanidad.

(“¿Podrás tú atar los lazos de las Pléyades, o desatar las ligaduras de Orión?”  Libro de Job, Capítulo 38, versículo 31)

Pero no voy a engolfarme con las mitologías antiguas, ni con las modernas revelaciones que sitúan en esas hermosas estrellas la guarida de horribles seres grises, antropomorfos (como no podía ser de otra manera) pero bajitos, feos y deformes, cuya principal ocupación consiste en abducir inocentes terrícolas para operarlos, sepa usted de qué ni con qué fin, en sus quirófanos siniestros. Sin que exista constancia de análisis preoperatorios, ni más convalecencia que un discreto borrado de los recuerdos de la estancia en sus naos. Tratamiento este último no muy eficiente, al parecer, pues algunos explican con pelos y señales lo que les vino a acontecer en el nefando percance de la abducción, y aun exhiben ciertos artificios que, de industria, les fueron implantados en las carnes antes de devolverlos a sus cotidianas faenas terrenales, que ahora incluyen el pormenorizado relato de los hechos en los foros habilitados para tales discursos.

Constelación de Orión entre nubes terrestres.
No, no voy a hablar de esto, no más de lo que ya lo he hecho. Tampoco voy a dar la brasa con datos astronómicos, distancias, magnitudes, composiciones ni cosas por el estilo. Para eso están los libros. Bueno y la Wiki, al menos mientas viene o no viene la gran tormenta solar que anuncian los augurios de moda. Dicen que si sucede tal como es de esperar nos dejará sin luz eléctrica durante un tiempo. De acontecer tal caso, recomiendo encarecidamente aprovechar la ocasión para contemplar el cielo nocturno. Si está despejado y es Otoño o Invierno, se podrá ver el precioso espectáculo que sigue dando Orión noche tras noche, de forma gratuita, en las inmediaciones del ecuador celeste, y por tanto para los dos hemisferios, con su vistoso cinturón, también conocido por  “Las tres Marías” (Alnitak, Alnilam  y Mintaka), con la gigantesca y anaranjada Betelgeuse, con Bellatrix, Saiph, Rigel y Hatsya. Y con la relativa vecindad de las citadas Pléyades (a las que dedicaremos una generosa entrada), de Aldebarán y de Sirio, la más brillante estrella de nuestro cielo, después del Sol.
Entre los astros de Orión hay una gran abundancia de nebulosas de todo tipo: De emisión, de reflexión y oscuras. De hecho toda la constelación está envuelta en una gigantesca nube, con zonas tenues como el inmenso arco de Barnard, la nebulosa de reflexión M78 o el Mago; con emblemáticas nebulosas oscuras, como la Cabeza de Caballo, y con objetos luminosos fáciles de ver, como la nebulosa de la Flama, la de Mairan y, sobre todo, la Gran Nebulosa de Orión.
Cualquiera que se inicie en la afición a la observación o a la fotografía de cielo profundo, tiene una obligada y pronta cita con la Gran Nebulosa de Orión, también conocida como M42 por ser el objeto 42 del célebre catálogo Messier. Puede verse a simple vista, y con un sencillo equipo fotográfico podemos sacarle los colores en breves segundos de exposición.
Yo, que debido a las limitaciones de mi equipo, tengo que conformarme con los objetos más accesibles, encuentro en esta constelación una especie de Parnaso de la astrofotografía, y la frecuento mucho. Podría exhibir un álbum con las imágenes que he tomado de la Gran Nebulosa, pues son numerosas y variadas en calidades (Van de muy malas a regulares, aunque alguna hay aceptable para el nivel del material) Pero, para no saturar, voy a dejarlo en un botón muestra.
Esta es la más reciente, y primera de la presente temporada.
En ella puede verse M42 (la Gran Nebulosa de Orión). Adherida a ella, y como figurando una cabeza de ave, a la izquierda está M43 (La Nebulosa de Mairan) y un poco más a la izquierda brilla la nebulosa “Running Man” (Corredor), que tiene asignado el número 1977 en el Nuevo Catálogo General, NGC por sus siglas inglesas.

Bajo la imagen pongo los datos de la toma, cosa que gustan ver los aficionados, bien para aprender, bien para criticar, bien para corregir, bien para comentar o más bien para chichorrear, aunque siempre de buen rollo. 

M42 031116
Lugar: Camuñas (Toledo)
Fecha de la toma: 03/11/2016
Montura: Orión Skyview Pro.
Telescopio: Sw ED 80/600 con reductor de focal 0,8X
Cámara: Canon 600D modificada.
Guiado: Lunático, Cámara Luna QHY5 II
Filtro: UHC-S para reducir la contaminación lumínica (toma urbana)
Exposición: 12 tomas de 300" + 10 tomas de 20" para compensar la sobreexposición del núcleo. Sin Darks, Flats ni Byass.
Apilado: DSS
Procesado y postprocesado: Startools y PS.




domingo, 2 de octubre de 2016

Movimientos lunares

A parte de acompañar a la Tierra en su continuo viaje alrededor del Sol, a este en sus paseos por la galaxia,  a esta en sus desplazamientos por el barrio cósmico y a to lo que se menea en el Universo, la Luna tiene una variada colección de movimientos  propios.
Algunos de ellos son demasiado complicados para mí y, aunque me he intentado documentar, no acabo de entenderlos bien.
No obstante, y puesto que el 25% de las personas que han visitado este espacio me han pedido que toque el tema, voy a intentar hacerlo, ya sea someramente y avisando que el asunto es de una complejidad que supera mis limitadas posibilidades.

En primer lugar cabe decir que la órbita de la luna está expuesta a la influencia gravitatoria no sólo de la Tierra, sino también del Sol, de los planetas cercanos e incluso de las fuerzas de marea en su íntima relación con nuestro mundo. Todo esto hace que la elipse en cuestión , de baja excentricidad por cierto, sea bastante inestable comparada con otras. Si bien sus variaciones no son caóticas en nuestra percepción del tiempo y del espacio. Como ejemplo de estas escalas diré que, según me han dicho, la órbita lunar (y por tanto el satélite) se aleja de la tierra 3,8 centímetros por año. Sí, la Luna se va, no nos soporta, aunque lo hace con tan exquisita discreción que no lo notaríamos si no hubiéramos puesto espejos en su superficie para medir con precisión de laser su lentísima fuga.
Este casi imperceptible alejamiento es uno de los movimientos de la Luna.
Otros son  los consabidos de rotación sobre su eje y de traslación circunterrestre.  Pero hay bastantes más, y bastante menos consabidos. No voy a hablar de todos, pero voy a intentarlo con algunos.

Rotación:
La Luna da una vuelta completa alrededor de su eje cada 27,32 días, lo que se considera un mes sidéreo.

Traslación:
En el mismo tiempo (27,32 días) el satélite completa una vuelta alrededor de la Tierra, sincronía responsable de que siempre veamos una  misma cara del astro, y nunca la otra.
Dado que en este tiempo la Tierra no detiene su permanente viaje alrededor del Sol, la duración relativa del recorrido orbital de la Luna es de 29,53 días (mes sinódico*), tiempo en el que se completan las cuatro fases.
La velocidad de la luna en su traslación alrededor de la Tierra es variable debido a la excentricidad de la elipse. Va de los 3479 Km./h. en el apogeo, punto más alejado (406000 Km.),  a los 3873,6 Km./h. en el perigeo, punto más cercano (356000 Km.)
La dirección es de Oeste a Este, y si la vemos siempre recorriendo el camino contrario es por causa de la rotación terrestre.

Libración:
La total sincronía entre la rotación y la traslación del satélite sólo nos permite ver, en teoría, un 50% de su superficie, y siempre el mismo. Sin embargo existen unas oscilaciones relativas que hacen ocasionalmente visible  algo más del 50% de la superficie lunar,  concretamente el 59%. Se llaman Libraciones, y se conocen varias.
Hay una libración en longitud, otra en latitud y otra llamada libración diurna. La primera se debe a la excentricidad de la órbita, que hace variar la velocidad del satélite en su recorrido sin alterar la de rotación, lo que crea un ligero desajuste Este-Oeste de  hasta 7º 54´ entre ambos movimientos. La segunda es debida a la inclinación del eje lunar sobre su plano orbital y produce una oscilación Norte-Sur de 6º50´. La tercera la produce la propia rotación terrestre, que hace que a lo largo del día pasemos de mirar desde un lado de la línea que une los centros de los dos astros, a mirar desde el otro.
Donde mejor se aprecia a simple vista el efecto de la libración es en el Mare Crisium, también llamado Lágrima del Este. En ocasiones, durante las fases creciente y llena, podemos ver que esta formación toca el limbo lunar, mientras que otras veces queda un poco más dentro.

Ascendencia y descendencia:
A lo largo del año vemos que el arco que el sol describe en sus tránsitos diurnos por el cielo se va haciendo más grande a partir del solsticio de Invierno. En el medio día del solsticio estival, el astro alcanza su máxima altura y extensión sobre el horizonte meridional. Es decir, su máxima declinación. A partir de ese día, el arco irá menguando. Lo hará durante seis meses, hasta que llegue nuevamente el solsticio de Invierno. Así podemos decir que el Sol tiene un ciclo ascendente y otro descendente, y que entre ambos abarcan un año. Este efecto se debe a la inclinación del eje terrestre con respecto al plano de la Eclíptica, y da lugar a las estaciones. Con la Luna sucede lo mismo, sólo que el “año” lunar dura 28 días. Dado que el plano de la órbita lunar también está inclinado con respecto a la Eclíptica, a lo largo de estos 28 días podemos ver cómo el satélite asciende y desciende sobre el horizonte, ganando altura durante catorce días y perdiéndola durante los otros catorce para reiniciar el ciclo. El fenómeno se conoce como “Luna ascendente” y “Luna descendente”.
Se toma muy en cuenta en diversas actividades humanas, especialmente en algunas prácticas agrícolas, pues se cree que estos ciclos influyen en el desarrollo de las plantas. A veces se confunde con las fases lunares, se asocia la ascendencia con la fase creciente y la descendencia con la menguante. No es así pues hay otros movimientos, como la retrogradación de la línea de nodos o el avance del perigeo, que hacen que la coincidencia con las fases sea también rotativa.

Retrogradación de la línea de Nodos:
El plano orbital de la Luna está inclinado, como vengo diciendo, respecto al plano de la Eclíptica, por lo que la órbita lunar cruza en dos puntos el plano en el que orbita la Tierra alrededor del Sol. Estos puntos se llaman Nodos: Nodo ascendente y Nodo descendente.
 Su posición en la órbita lunar es variable. Retroceden con una velocidad inconstante y completan una vuelta cada 18,6 años. Los eclipses sólo se producen cuando la luna pasa por estos puntos.


Lunasticios:
El lunasticio es un fenómeno derivado de la ya mentada retrogradación de los nodos. La inclinación del plano orbital de la luna sobre la Eclíptica no es constante, oscila como si se balanceara. Algo así como lo que hace una moneda al caer al suelo antes de detenerse.
Esto hace que la Luna vaya incrementando sus variaciones en declinación (Máximas y mínimas)  a lo largo de 9,3 años, y reduciéndolas durante otros tantos. El ciclo completo, por tanto, dura 18,6 años. La máxima variación (+28, 64º -28,64º) se produce en los llamados Lunasticios Mayores. Y la mínima (+18,36º -18,36º), en los Lunasticios Menores.
Parece que el fenómeno ya era conocido en el neolítico y la Edad del Bronce, y parece  también que debió tener un especial significado para aquellas gentes, pues lo tuvieron en cuenta a la hora de erigir algunos monumentos megalíticos, especialmente en gran Bretaña e Irlanda.
Queda bastante tema, pues el asunto es largo y complicado como avisé al principio, y pese a que he procurado aliviarlo de cifras y de datos, así como resumirlo en lo posible, reconozco que esto ya es mucho rollo, y concluyo sin más.



*La diferencia entre “Sidéreo” y “Sinódico”, en lo relativo a los periodos orbitales es que Sidéreo es el periodo absoluto del astro en cuestión y Sinódico el relativo al propio movimiento de la Tierra.
Así, por ejemplo, el periodo orbital sidéreo de Júpiter es de 11,9 años (tiempo real que tarda en completar una vuelta a alrededor del Sol), y su periodo sinódico es de 399 días (tiempo que transcurre entre una oposición y la siguiente del gigante gaseoso con la Tierra. Es decir, el tiempo en que nuestro planeta, después de haber completado una vuelta al Sol vuelve a encontrase en la misma posición relativa con el otro).


jueves, 29 de septiembre de 2016

El gato de Schrödinger.

A mi madre, que no lo entendería (¿O sí?)

Erwin Schorödiger afirmaba que mientras no abriéramos la caja, el gato que habitaba su interior permanecería vivo y muerto simultánea y continuamente, sólo al retirar la tapa y observar su contenido, el felino adoptaría súbitamente uno u otro estado, estando sólo vivo o sólo muerto.
Supongo que el eminente físico, al igual que sus colegas Werner Heisenberg y Niels Bohr entre otros, estaba equivocado, pues cuando abrí la caja, el gato mostraba un consolidado rigor mortis, como de 24 horas, sin embargo seguía lleno de vida.
Ese día una brisa suave y apacible, llevaba con ternura algunas hojas hacia la tierra leve del Otoño, las uvas maduras estaban llenas de futuras Primaveras y casi todo era hermoso.
Cuando no llueve, las lágrimas son una buena alternativa para regar el huerto donde germinan los gatos.

La vida, como la materia y la energía que la forman, no se destruye nunca, se transforma siempre.

Las  fotografías correspondientes a esta entrada son impublicables. Lo siento.
... Bueno, alguna sí que puedo poner.

          



El gato está vivo

sábado, 24 de septiembre de 2016

De los Cometas

Para ser fiel a las muy antiguas y asentadas tradiciones de este blog, voy a comenzar la presente entrada abordando la etimología de la palabra que define el objeto tratado.
Cometa proviene, dicen los que entienden (de esto), del vocablo griego κομήτης
A quienes venís siguiendo estos artículos míos, es decir a vosotros tres, después de lo de los planetas ya os supongo bastante sueltos y versados en la lengua de Sócrates, por lo que no considero necesaria explicación alguna sobre el término clásico. Sé que lo habéis entendido nada más verlo. Pero por si surgiera que a alguien, pasando por ahí y como el que no quiere de la cosa, le diera por echar una ojeada, ya fuera liviana y aun esquiva, diré que las letras raras, en su orden, en su composición y en su conjunto, quieren decir Cabellera o Melena. Esto si hubiéramos de traducirlo actualmente a la lengua oficial de Camuñas. Pero antes de la vigente actualidad camuñera, aconteció la pretérita actualidad romana, y aquellas gentes de las túnicas y los cascos ornados con cepillos, tradujeron  el ya por entonces viejo vocablo por Cometa, y con Cometa se han quedado  esos pequeños astros que en excéntricas órbitas, ya elípticas, parabólicas o hiperbólicas, recorren el sistema Solar desde los remotísimos confines exteriores a las inmediaciones cálidas de la estrella.
Esto es así porque los cometas contienen materiales que se subliman al acercarse al sol, formando una suerte de atmósfera alrededor de su núcleo, que asemeja una especie de cabellera. Tras una observación más detallada se vino en diseccionar el cuerpo celeste descubriendo y clasificando las diversas partes que lo componen. Hoy en día, y sin que el conjunto haya sufrido cambios en su denominación, la Cabellera o Coma es sólo una parte de los cometas: su “atmósfera”.
Más dentro está su núcleo, hecho de Hielo y materiales rocosos; y más fuera se extiende su cola, la más vistosa y peculiar de sus características. Bueno, en realidad los cometas suelen tener dos colas, una llamada iónica, que se extiende siempre en dirección contraria a la posición del sol, y otra compuesta de polvo que va quedando atrás, como una estela, en la dirección seguida por el astro. A veces coinciden y se confunden en una sola, en otras ocasiones aparecen perfectamente diferenciadas y divergentes, formando una especie de uve cuyo vértice es el núcleo.
¿Que de dónde vienen? Al carecer de pasaporte no ha resultado fácil averiguarlo, porque amén de la carencia del preceptivo documento, no pueden declarar su procedencia de forma inteligible, pues no conocen el griego, ni el latín, ni el castellano, ni el camuñero, ni el inglés… Bueno el inglés es normal que lo ignoren dada la condición minoritaria de ese rarísimo idioma, pero podrían saber villafranquero, pues se sospecha que algún paisano del vecino pueblo ha llegado a sus peregrinas superficies con la emprendedora pretensión de vender especias. Pues no, tampoco parlan villafranquero. Ante tan denso enigma, la ciencia no ha dudado en emplear su más eficaz arma: El chinchorreo metódico. Así ahora sabemos que estos astros, viajeros donde los haya, proceden,  unos del Cinturón de Kuiper, una especie de anillo de asteroides ubicado más allá de Neptuno; y otros de la Nube de Oort, región aún hipotética poblada de fragmentos de hielo, así como de rocas sueltas de distintos tamaños y de diversas formas, que rodea todo el sistema solar, teórica y supuestamente por el momento.
¿Qué a dónde van? La mayoría de ellos al lugar de su procedencia, para volver después sobre sus pasos una vez y otra vez hasta gastarse totalmente. Otros no se resignan a darle tantas vueltas a su existencia y se marchan del sistema solar. Hay otros que deciden establecerse en alguno de los grandes planetas que encuentran en su viaje, y se quedan ahí, dando más vueltas, pero evitando las calores de las cercanías del Sol. Y aún hay otros que se estrellan contra la estrella, o contra alguno de los planetas cuya vecindad invaden con temeraria inconsciencia y sin ver el peligro.  
Conviene decir que en su origen los cometas no son tan vistosos como cuando se ponen al alcance de nuestros telescopios. Su cabellera y sus colas aparecen sólo cuando se acercan al Sol lo suficiente como para que los materiales de sus superficies comiencen a sublimarse, entre 5 y 10 Unidades Astronómicas. La cola iónica la componen partículas que son arrancadas de la cabellera e impulsadas hacia el espacio por el viento solar. A medida que los pequeños astros se acercan a la gran estrella, sus colas se hacen más grandes y brillantes, para decrecer cuando, pasado el perihelio, se van alejando.
Los cometas han suscitado siempre una gran atención, y su influencia en la historia de la humanidad es notoria y no siempre positiva. No por su culpa, que ellos pasan, sino porque no pocas veces, en cuanto se ponían a tiro, comenzaba a proliferar, de forma directamente proporcional al crecimiento de sus colas, el número de profetas, adivinos, augures, videntes y charlatanes de toda laya que anunciaban incontables catástrofes de las que les hacían responsables o emisarios. Como botón de muestra sugiero consultar uno de los más recientes y dramáticos sucesos relacionados con esto: El suicidio colectivo de 39 personas, pertenecientes a una secta llamada Heaven’s Gate. ¿En la edad media? No, fue en 1997, con motivo del paso del bello y espectacular cometa Hale Bopp, en la era de Internet y en el patético caldo de un potaje sincrético de creencias que amasaban a Cristo con los extraterrestres sin dejar fuera del puchero casi ninguno de los credos que en el mundo han sido y son, desde los más exóticos a los más autóctonos, desde los más vetustos a los más novedosos, mostrando siempre una especial predilección por sus aspectos más delirantes y absurdos. Pero esta es otra historia.
Soy consciente de lo mucho que me dejo en el tintero respecto a estos pequeños e inquietos vecinos de Sistema Solar, cada uno de ellos merecería una entrada al menos tan larga como esta, pero por el momento sólo pretendo un inicial acercamiento, un primer contacto genérico, y creo que ya está bien, salvo que alguien aporte algún dato, que será bienvenido, alguna puntualización, corrección, crítica, comentario o pregunta, que también.
Mi experiencia fotográfica con los cometas he de confesar que es casi inexistente. Contaba con Ison para estrenarme, lo tenía todo preparado para el gran espectáculo que anunciaba la llegada de este cometa, pero se rompió en un perihelio demasiado cerrado. La estrella no perdona, no puede. Yo habría cambiado ese nombre que tantas expectativas suscitó, por el de Ícaro.

Me estrené en Corral de Almaguer con Lovejoy, en una fotografía de amplio campo que pretendía mostrar toda la extensión de su inmensa cola.


Como no parece que la cosa fuera para tirar cohetes, pretendiendo hacer de la necesidad virtud realicé este montajillo utilizando elementos del entorno.



Luego lo intenté con Catalina y sus claramente diferenciadas colas. Le retraté a su paso entre la estrella Alkaid y la Galaxia del Molinete (M101). Pongo la imagen porque no tengo más para elegir. Estaré más atento con las próximas visitas.




Para intentar in extremis que esta fotografía tenga alguna utilidad, voy a explicar con ella las partes de un cometa.



Lo peor del asunto es que no voy a tener una nueva oportunidad con este cometa. Catalina ha venido por primera y última vez. Se ha ido para siempre, como está escrito:

Volverán las oscuras golondrinas
del canalón sus nidos a colgar,
pero el bello cometa Catalina,
ese, mi muy querida Josefina,
ese no volverá.


Me quedaría mal cuerpo si concluyera esta entrada con tan escasas y tan pobres imágenes, Por eso, y para dejaros una buena impresión, he decidido insertar una impresionante imagen del Hale Bopp. Es una de las mejores que he visto entre las muchas que nos dejó este cometa, cuya contemplación me deparó inolvidables momentos vividos con mi hijo Néstor en su infancia, desde el molino de La Unión.
La fotografía que os muestro ahora, que compensa  con creces la mediocridad de las anteriores y que en mi opinión salva esta entrada, es de Rubén Martín-Benito y, según dice él mismo, aúna dos de sus más añejas aficiones: la astronomía y la fotografía de fiestas populares.
 Disfrutadla.
Holy Week and Hale Bopp (Rubén Martín-Benito Romero)




jueves, 22 de septiembre de 2016

De los luceros

El vocablo latino “Planeta” proviene o se deriva de una palabra griega que se podría traducir al actual castellano por “vagabundo”, “nómada” o “errante”. Bueno, para el caso, y si tuviera que traducirlo yo, me inclinaría por elegir “errante”, aunque al no conocer el griego antiguo lo tendría complicado, ya que el clásico idioma no se parece ni un poquito a los dialectos camuñeros que suelo manejar de cotidiano. Aquí pongo la letra original por si alguien supiera darle su debida lectura: πλανήτης. No, no es griego inventado, aunque confieso humildemente que es copiado y pegado, todo sacrificio es poco en favor de la ciencia.
En la antigüedad, cuando las gentes de cualquier condición contemplaban los astros, todo lo que veían, a parte de la Luna, el Sol y algún cometa, eran estrellas. Estrellas fijas, estrellas fugaces y estrellas errantes. Estas últimas son las que ahora conocemos como planetas, después de haberlas conocido como luceros en la inocente infancia.
Recibieron el andarín apelativo porque, a diferencia de sus hermanas fijas, que parecen estar clavadas en el orbe y moverse solidarias e isócronas con él, estas van desplazándose, noche a noche, sobre el sereno e inmutable fondo. Salvo en los periodos de retrogradación (especialmente apreciables en Marte), en los que se rezagan y parecen volverse, los planetas van adelantando estrellas en su constante (y aparente) giro del Oriente al Occidente de nuestro mundo. Por eso les cascaron la etiqueta de errantes, como vengo diciendo y acaso repitiendo ya en exceso.
Con el andar del tiempo hemos ido conociendo mejor estos astros. Incluso hemos averiguado que nuestro mundo es uno de ellos, y no de los más grandes. Tal cognición lleva en sí misma una inmanente lección de humildad que, según parece, nos obstinamos en ignorar. Aunque de otras más grandes y recientes hemos salido indemnes, como si no hubiera más parientes que nuestros dientes.
Bueno, no voy a deslizarme hacia la filosofía que por ahí me escurro como por las heladas laderas de Cabezas del Hierro (Cara norte), y puedo terminar mal.
Cuando yo era niño, cosa que sucedió algunos años después de que Galileo Galilei pasara por la vida (aunque no muchos, que ya tengo una edad), se conocían nueve planetas. De interior a exterior: Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón. Luego, en el año 2006, se redujeron a ocho tras aprobarse una especie de ERE en el que fue despedido Plutón, cosas de la modernidad laboral.
Bueno, en realidad fue una reestructuración necesaria ante el ingreso de nuevos miembros en la plantilla planetaria, y lo que sucedió es que se creó una nueva categoría: Los Planetas enanos.
Tras un polémico examen, no exento de dimes y diretes, la Comunidad Científica consideró que Plutón no era más que sus recién descubiertos vecinos exteriores Haumea, Sedna, MakeMake y Eris. Ya puestos a reestructurar, el asteroide Ceres, situado en el cinturón de asteroides que hay entre Marte y Júpiter, fue ascendido de categoría, considerándose desde entonces, y sin carácter retroactivo, Planeta Enano. Ni él (o ella) por su ascenso, ni Plutón por su degradación, parecen haber notado nada especial, y siguen comportándose como siempre, a su bola.
Tampoco muestran afectación alguna por su descubrimiento los miles de planetas que se están encontrando en los campos gravitatorios de otras estrellas y que por eso, por ser de otras estrellas, reciben el nombre genérico de “Exoplanetas”.
La fotografía aplicada a los planetas del sistema Solar, constituye una categoría dentro de la astrofotografía, se la conoce como  Planetaria, y todo aficionado que se precie la intenta. Algunos la consiguen y, aunque este no termina de ser mi caso, yo también la he intentado y la sigo intentando.
Los planetas que están al alcance de mis conocimientos y mi equipo son Marte, Júpiter y Saturno. Aunque me queda algo lejano, también a Urano le meto mano, Ahora espero su oposición para volver a intentarlo. Neptuno está fuera de mi alcance, y de Plutón ni hablamos. Venus, pese a su cercanía, me resulta difícil, y sólo puedo captar sus fases. Y Mercurio, amén de ser demasiado pequeño, está siempre muy cerca del Sol, y mis retratos de su body no revelan mucho más de lo que puede verse a simple vista.
Quizá dedique una entrada, en días venideros, a cada uno de estos nuestros vecinos.
También tengo en la mente la idea de hacer un breve tutorial de astrofotografía planetaria para la sección de Aprendizaje, donde pienso explicar cómo lo hago, aunque sea para que se sepa cómo no debe hacerse. Pero por el momento ya voy considerando excesiva la murga de esta entrada, y me dispongo a concluirla con algunas imágenes de las que he conseguido en este campo en el que, como astrofotógrafo aficionado, me encuentro aún cursando el quizá inacabable noviciado, y sin haber salido todavía de la categoría de “Quieroynopuedo”. Aunque, como veréis, yo, tan inasequible al desaliento como  inmune al ridículo, no dejo de intentarlo.


Venus


Marte

Júpiter

Saturno

Urano





sábado, 17 de septiembre de 2016

La ilusión de Ponzo

La palabra castellana “Ilusión” tiene, como la mayoría de los vocablos de nuestra rica lengua, varios significados, dependiendo de los contextos donde aparezca.
Una de sus acepciones, según la Real Academia de la Lengua, es la siguiente:
“Concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugerido por la imaginación o causado por engaño de los sentidos”
Esa precisamente es la aplicación semántica que invoco para la hermosa palabra en esta entrada, pues de engaño de los sentidos va la cosa.
La ilusión de Ponzo es una errónea percepción de los tamaños de las cosas, provocada por la influencia de rectas convergentes o por efectos de la perspectiva. La describió el psicólogo italiano Mario Ponzo, a quien debe su nombre, allá por los inicios del pasado siglo XX.
Una de sus más cotidianas expresiones se aprecia en los astros; en todos, en las constelaciones, en los planetas… Pero resulta especialmente llamativa en el Sol y en la Luna.
Todos hemos visto cómo estos astros presentan un tamaño considerablemente mayor en sus ortos y ocasos que en su cénit. Por lo general  solemos atribuir el fenómeno a un efecto de refracción atmosférica. Pensamos que el aire se comporta como una lente de aumento, y al ser mucho mayor la cantidad de este fluido  que atraviesa la luz cuando procede de los horizontes que cuando proviene de la altura, se ofrece a nuestros ojos una imagen más grande y ampliada del objeto emisor. Sin embargo esto no es cierto. La percepción  equivocada de los tamaños se debe a una errónea interpretación de nuestros cerebros. Es una Ilusión óptica, como tantas otras.
Si algo caracteriza el avance de la astronomía es, precisamente, el cuestionamiento de lo que nos sugieren nuestros sentidos.
Hace unos 2216 años, un griego llamado Aristarco de Samos afirmó que la tierra giraba alrededor del sol. Habría que haber oído lo que decían de él sus coetáneos, claro que para eso sería necesario dominar el griego antiguo, y no es mi caso. Nos contentamos con saber que nadie le creyó, y que si ocasionalmente alguien le dio razón, sería sin duda bajo los efectos de algún buen caldo de Mesenia, de esos que se criaban en las faldas del monte Taigeto, y que una vez disipadas las euforias etílicas el fugaz prosélito volvería, veloz, a la ortodoxia aristotélica. No en vano los antiguos griegos, al igual que nosotros y que todas las gentes, incluidas las que pueblan el peculiar casar de Villafranca, lo que vemos moverse es el Sol alrededor del mundo. Así que el adelantado astrónomo hubo de ser tomado a chufla, no siendo esto lo peor que le podía pasar, a tenor de la suerte que corrió Galileo Galilei ocho siglos después, y más a tenor aún de lo que aconteciera a Giordano Bruno, por atreverse a defender similares postulados.
La cosa es que la realidad del cosmos supera nuestras muy limitadas e ilusorias realidades, y que sólo dejando a un lado las asentadas convicciones y los prejuicios podemos aspirar a avanzar un poquito hacia ella.
La ilusión de Ponzo es sólo un pequeño ejemplo, si bien paradigmático, de lo que estoy pretendiendo explicar en esta entrada.

Adjunto dos imágenes que tratan de ilustrar el porqué del efecto.
Esta imagen es una composición realizada con dos fotografías, aún calentitas, de ayer mismo.
La luna de la derecha, la que está tras la torre del reloj, es, obviamente, la misma que la de la izquierda, la más pálida. Lo que las diferencia es el tiempo en que fueron retratadas. La primera la fotografié en el orto, como demuestran las referencias paisajísticas, la segunda alcanzó el sensor de mi cámara desde las inmediaciones del cenit. Mis ojos y mi cerebro las percibieron con tamaños muy diferentes (mucho mayor la del reloj, dónde va a parar) pero el muy pragmático sensor no se dejó engañar, y las reveló iguales en lo que atañe a perímetros, diámetros y otros euclidianos parámetros. 
La imagen no tiene más edición que la extracción de la luna cenital y su colocación junto a la otra, sin modificar en absoluto los tamaños captados por la cámara.
Ambas fotografías fueron tomadas con la misma cámara, la misma óptica e idéntica longitud focal: Teleobjetivo de 300 mm.
¿Por qué si son iguales las vemos diferentes? 
Ignoro si con esta imagen podré ilustrar el fenómeno conocido como "Ilusión de Ponzo" del que vengo tratando. Pero la pongo aquí para intentarlo.

Quizá un poco mejor así:


Dado que vivimos en un mundo que al menos tiene tres dimensiones espaciales, una temporal y no sé cuantas cuánticas, la perspectiva forma parte de nuestras vidas. Las lunas de la izquierda están sometidas a esa perspectiva, mientras que las de la derecha estarían en un hipotético espacio bidimensional donde este tipo de ilusiones ópticas serían inexistentes o distintas.
Aunque en la imagen no se aprecia el efecto tanto como en la tridimensional realidad, espero que se note algo y que la explicación sirva al menos para pasar un ratejo de plenilunio camuñero.




martes, 13 de septiembre de 2016

Luna

Dicen que hace 4500 millones de Años, rato arriba o abajo, un planeta llamado Proto-Tierra impactó con otro un poco más pequeño cuyo nombre era Tea, aunque en aquella época seguro que nadie llamaba así a estos astros, caso de que existieran realmente.
Se sospechaba una gran espectacularidad en el accidentado encuentro, pero ahora se ha venido en descubrir que la espectacularidad fue mucho más grande de lo que se sospechaba. Las rocas de ambos astros no se convirtieron en magma, tal como se creía, sino en gas. Según las nuevas teorías, la energía del impacto y su momento angular superaron con creces los cálculos de las precedentes hipótesis. Ayer mismo lo publicaba la revista Nature.
Plenilunio
A la sazón, de aquel inusitado piñazo, y cuando los gases volvieron a condensarse gravedad mediante, surgieron la Tierra y la Luna.
Eso es lo que postula la ciencia, basándose en el estudio comparativo de ciertos isótopos (yo creo que para terminar de cuadrarlo a la luz de las recientes novedades, deberían revisar también los tiempos). Pero hay otras opiniones. Algunos piensan que hubo impacto, pero fue de otra forma y aun en otro lugar, y ven en el cinturón de asteroides que hay entre Marte y Júpiter una clara consecuencia del violento suceso. Otros creen que el mítico planeta Niviru tuvo algo que ver en la fiestuqui cósmica, bien hallándose en el ajo sin comerlo ni beberlo, o bien siendo causante y protagonista del caso.
Incluso hay quienes afirman que la Luna es una enorme bola artificial (naturalmente hueca) manufacturada por alguna remota civilización, que se quedó en la órbita terrestre, sin que se sepa por qué, después de un largo viaje de incógnito propósito, cuyo origen, destino y tripulación permanecen también en el misterio, al no haberse encontrado hasta la fecha el preceptivo cuaderno de bitácora o, en su defecto, la reveladora caja negra. Vaya, una cosa parecida a ese enorme trasto llamado “Estrella de la muerte” que sale en la popular serie de películas “La Guerra de las Galaxias”, solo que con la superficie tuneada para pasar más desapercibida.
Creciente
Yo no sé a qué atenerme, ni con cuál de estas y otras conjeturas quedarme, por eso me limito a contemplarla de vez en cuando, a gozar su belleza y a fotografiarla cuando puedo. Bueno, alguna vueltecilla le doy también al estudio de sus movimientos, sus fases y sus cosas; algún rato dedico a conocer su influencia en nuestra historia, desde los mitos y las leyendas hasta el notable influjo que ejerce en todo nuestro acontecer, sin olvidar en ningún momento su dimensión poética.
También, y por causa de saber cómo se llama lo que veo y lo que fotografío, le vengo dando parte de atención a la selenografía y a la toponimia lunar, cosa harto interesante por su relación con la historia de la astronomía.
En cualquier caso, y sea cual sea su origen, la bella Selene está donde está y es como es. Y si no estuviera ahí o no fuera como es, nosotros no estaríamos aquí o no seríamos como somos.
 Aquí os iré mostrando mis excursiones fotográficas al satélite, y consignado algún que otro datejo, por si alguien tuviera curiosidad o interés en el tema. Aunque con estas cosas conviene que seáis prudentes y mesurados, pues os podéis convertir en unos lunáticos como yo.

                         

El Mare Imbrium
                           
El Mare Insularum 
                         
El Mare Nubium


Cráteres del Sur




viernes, 2 de septiembre de 2016

Circumpolar de Camuñas desde los huertos

"Caminito que anduvo de sur a norte mi raza vieja..."
 Atahualpa Yupanqui

Esta fotografía, como cualquier circumpolar (Incluidas las buenas), sólo refleja el movimiento de la Tierra.
Curiosa paradoja visual, pues lo que más se mueve es lo que menos movido sale.
La obvia explicación es que la cámara está en la Tierra, y se mueve con ella, integrada en ella, a su misma velocidad, por lo que no existe desplazamiento ni movimiento relativo alguno entre ambas cosas.
Podríamos alumbrar este fenómeno con alambicadas referencias a las teorías del ínclito Alberto (Einstein para el común de las gentes), bueno, podríais, porque yo no sé, o utilizar la imagen para ilustrar su concepto de “realismo ingenuo”, pero puestos a especular y lucubrar, yo sugiero una reflexión sobre el tiempo, no vamos a quedarnos en las primeras matas.
En la circumpolar se aprecia el rastro de luz de dos aviones que llevan aparentes trayectorias de choque. La contaminación lumínica del horizonte septentrional nos impide observar el impactante desenlace. ¿Colisionarían finalmente?
No. Lo sé porque de suceder tal cosa habría salido por la tele. Y quizá yo no lo habría visto, pero seguro que me lo habrían contado, porque esas catástrofes suelen dar tema de conversación para unos días en los diversos mentideros y ágoras contemporáneas, tanto digitales como analógicas. Pero también lo sé porque fui testigo presencial del paso de esos raudos artificios que se dedican, entre otras cosas, a fastidiar astrofotografías. Transcurrió un rato largo entre uno y otro, tanto que, probablemente, el primero ya habría tomado tierra en Barajas, tan contento, cuando entraba el segundo en el encuadre.
El tiempo los separa, sin embargo nosotros podemos ver aquí sus distintos momentos como si no existiera lapso alguno entre ellos, como si todo sucediera simultáneamente.
En general aquí hay más de una hora de luz atrapada en una especie de “instante” detenido y sin embargo continuo.
La materia, la energía, la gravedad, la luz…
El tiempo. ¿Causa, efecto, continente, contenido…?

No sé, pero creo que, si tengo tiempo, le voy a dar una vueltecilla a este asunto, aunque ya será fuera de plano por no dar más la murga. Si eso, y en el improbable caso de que lograse desvelar algún insondable misterio sobre el particular, o de que me sobreviniera alguna iluminación sobrenatural, alguna revelación metafísica o incluso alguna manifestación mística (que no creo) ya os iría comentando.

martes, 30 de agosto de 2016

Aquí una vista en H-Alpha de las protuberancias solares.

Y aquí una imagen del sol en luz visible para cuya obtención usé un filtro solar  con una transferencia del 0,001% de la luz.

Esta es una imagen invertida del astro. El recurso se emplea a veces para destacar más los fenómenos que se producen en la superficie de la estrella.