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jueves, 12 de enero de 2017

Galaxias


Las galaxias son la leche.
Esto es lo que debieron pensar y sentir los antiguos griegos al contemplar esa franja de luz pálida que cruza los cielos nocturnos, y que destaca especialmente en las noches estivales. No sabemos qué es, pero sea lo que sea es la leche, comentaría sin duda el común de las gentes en el ágora.
Los sacerdotes también ignoraban la verdadera naturaleza del fenómeno, pero tenían la certeza de que nadie conocía su muy alto e inaccesible secreto, y la convicción de que nunca iba a ser desvelado, por lo que decidieron ofrecer al común de las gentes una concluyente explicación que afianzara la superioridad intelectual y moral de su casta, una revelación que por su pretendida procedencia divina no habría de precisar demostración alguna, ni admitiría cuestionamiento que no asumiera el riesgo de enojar a los dioses, y las fatales consecuencias de su ira.
Es la leche, dijeron, en efecto, mas no es leche cualquiera sino leche de Hera.
La carencia de observaciones metódicas, cálculos, mediciones y otras costosas tareas, fue suplida con una historia a la que se debe reconocer, si no el mérito del trabajo y de la honesta voluntad de descubrir la verdad, sí el de la creatividad y aun el de la belleza. Véase y júzguese en este escueto resumen:
La diosa Hera, esposa de Zeus, el dios supremo, amamantaba involuntariamente a Hércules, un niño fruto de cierta relación entre su divino marido y Alcmena, una mortal. Hermes, aprovechando que la diosa dormía, había puesto al niño a libar de su leche para que así obtuviera, amén del necesario alimento, la inmortalidad que le negaba su medio humana condición. Pero el mitológico infante quizá chupaba con demasiada energía, pues, como es sabido, era inusitadamente fuerte, y despertó a la diosa que, nada más percatarse del escabroso asunto, retiró bruscamente su pecho de la boca del futuro héroe, y derramó su líquido nutricio por buena parte del impoluto cielo.  De ahí procede el nombre Vía Láctea, que recibe la franja luminosa.
No es esta la única explicación que la rica mitología griega (digna heredera de Sumer), ofrece para dilucidar los divinos orígenes de la galaxia. Pero todas,  tanto las variaciones sobre el seno de Hera, como las versiones que sitúan las fuentes del preciado líquido en la astada ninfa Amaltea, nodriza del mismísimo Zeus, convienen en afirmar que es leche lo que vemos.  
Vía Láctea. Camuñas. 100816

Otras culturas imaginaron otras historias para explicar el muy extenso objeto, y le pusieron otros nombres. Algunas tribus africanas lo llamaban Espinazo de la noche, en la idea de que era la columna vertebral de un inabarcable animal que sostenía el cielo con su lomo, evitando que se derrumbara sobre nosotros. Árbol del Mundo fue para los Mayas. Y para mis infancias Camino de Santiago, pues entorno a las fechas en que se celebra el día del apóstol, la franja muestra una orientación similar al célebre camino de peregrinación.
Como curiosidad local, diré que en la estación de Verano, la Vía Láctea se alinea con la muy camuñera Calle Grande, ofreciendo un espectáculo urbano-celestial imposible de ver en estos tiempos de luz artificial, pero que yo recuerdo de mi infancia como algo muy hermoso.
Fotomontaje de la Vía Láctea sobre la calle Grande de Camuñas

Pero qué es en realidad la Vía Láctea. Incluso en los tiempos de los griegos, y aunque la inmensa mayoría coincidiese es estimar que era la leche, algunos sospechaban que no estaba hecha de ese maternal líquido, que quizá se tratara de una gran concentración de estrellas muy lejanas, así Anaxágoras como Demócrito. Pero hubo que esperar a Galileo y su telescopio para tener la certeza de que ese polvo lechoso era, en realidad, un portentoso número de estrellas agrupadas en un cuerpo celeste cuya forma completa aún resultaba imposible imaginar y del que se pensaba que contenía todos los astros del universo.
Tuvo que llegar el siglo XX para que un astrónomo llamado Edwin Hubble realizara el crucial descubrimiento de que Adrómeda estaba fuera y lejos de la Vía Láctea, (algo que ya se venía sospechando desde el siglo de la luces), de que tenía sus propias estrellas (Muchas), de que era otra “Vía Láctea”. Así supimos que en el universo había otros “caminos de leche”, y que el nuestro era sólo uno más de los incontables que pueblan el espacio. De aquellos lances mitológicos acontecidos entre Hera y Hércules, o entre Zeus y Amaltea, quedó el nombre Galaxia (que significa algo así como “círculo de leche”) para nombrar estos objetos cuyo número, sólo en el universo observable, se cuenta por cientos de miles de millones.
Galaxia de Andrómeda
Distancia: 2,5  millones de A.L.
Diámetro: 220000 A.L.
Datos de la toma.
Lugar: Camuñas
Fecha: 190915.
Telescopio: SW ED 80/600
Cámara: Canon 600D modificada.
Guiado: Lunático.
Exposicion: 10 x 3´
Programas: DSS, ST y PS

Galaxia del Molinete (M 101)
Distancia: 27 millones de A.L.
Diámetro: 170000 A.L.
Datos de la toma.
Lugar: Camuñas
Fecha: 220215.
Telescopio: SW ED 80/600
Cámara: Canon 600D.
Guiado: Lunático.
Exposicion: 12 x 5´
Programas: DSS, ST y PS


Cadena de Markarian

Grupo de Galaxias en Virgo

Datos de la toma.
                                            Lugar: Camuñas
                                            Fecha: 020516.
                                            Telescopio: SW ED 80/600
                                            Cámara: Canon 600D modificada.
                                            Guiado: Lunático.
                                            Exposicion: 10 x 5´
                                            Programas: DSS, ST y PS





Galaxia del Sombrero (M 104)

Distancia: 28  millones de A.L.
Diámetro: 70000 A.L. (Estimado)
Datos de la toma.
Lugar: Camuñas
Fecha: 230215.
Telescopio: SW reflector 200/1000
Cámara: Canon 600D.
Guiado: Lunático.
Exposicion: 5 x 3´
Programas: DSS, ST y PS
Galaxia del Triángulo

Distancia: 2,8  millones de A.L.
Diámetro: 1500 A.L.
Datos de la toma.
Lugar: Camuñas
Fecha: 210814.
Telescopio: SW ED 80/600
Cámara: Canon 600D.
Guiado: Lunático.
Exposicion: 8 x 4´
Programas: DSS, ST y PS
Galaxia del Ojo Negro

Distancia: 17  millones de A.L.
Diámetro: 80000 A.L.
Datos de la toma.
Lugar: Camuñas
Fecha: 020416.
Telescopio: SW reflector 200/1000
Cámara: Canon 600D modificada.
Guiado: Lunático.
Exposicion: 10 x 5´
Programas: DSS, ST y PS
Galaxias del Cigarro (M 82) y de Bode (M 81)

Distancia: 12  millones de A.L.

Datos de la toma.
Lugar: Corral de Almaguer.
Fecha: 100115.
Telescopio: SW ED 80/600
Cámara: Canon 600D.
Guiado: Lunático.
Exposicion: 6 x 5´
Programas: DSS, ST y PS
Triplete de Leo. Camuñas 220215

Distancia: 35  millones de A.L.

Datos de la toma.
Lugar: Camuñas
Fecha: 220215.
Telescopio: SW ED 80/600
Cámara: Canon 600D.
Guiado: Lunático.
Exposicion: 10 x 3´
Programas: DSS, ST y PS
 
Galaxia del Remolino (M 51)

                                              Distancia: 37  millones de A.L.
  Diámetro: 60000 A.L.
Datos de la toma.
 Lugar: Camuñas
 Fecha: 200615.
 Telescopio: SW Reflector 200/1000
 Cámara: Canon 600D modificada.
 Guiado: Lunático.
 Exposicion: 10 x 3´
 Programas: DSS, ST y PS
                                






viernes, 30 de diciembre de 2016

El cielo del Invierno

Esta es una afición cara y fría, me dijo D. Enrique Pereira de Lucena,  avezado astrónomo de recorrido trasatlántico.
El que sea cara  o no depende sólo del aficionado, por lo que considero relativo el concepto. La luz de los astros viene siendo gratuita, al menos hasta ahora. Su contemplación está incluso exenta de impuestos, tasas y gravámenes. Aunque es mejor no abundar en el tema para evitar el riesgo se sugerir ideas que al final hagan bueno el aserto del compañero Enrique.
De lo que sí doy fe es de que es fría, sobre todo en estas estaciones de noches largas en las que Orión domina el cielo y la escarcha la tierra. Aunque, como nos dice la sabiduría llana, no hay mal que por bien no venga, y en estas noches gélidas todos los sensores están refrigerados, sin necesidad de habernos gastado un pastizal en artificios, y presentan una relación señal – ruido mucho mejor que en el Verano. A parte de que en la estación estival a estas estrellas les da todos los años por tomar el sol, y no hay manera de verles las espicas.
En esta entrada espero poder serviros, calentitas ya, las imágenes que consiga obtener de los polícromos e impresionantes cielos invernales.

Las Pléyades.
Dado que ya les dediqué una entrada, y aunque habría mucho más que decir y escribir de este cúmulo abierto, ahora voy a limitarme a insertar la más reciente de las varias imágenes que he tomado, con incierta fortuna, de estos míticos astros.

Lugar: Camuñas (Toledo)
Fecha: 221216
Telescopio: SW ED 80/600 con reductor de focal x0,8
Cámara: Olympus OMD E-M5
Montura: Orión Skyview Pro.
Guiado: Lunático. Luna QHY 5 II
17 x 5´ Sin darks ni flats ni biass
Programas: PHD Guiding, DSS, ST y PS.

La región de Alnitak
Alnitak es, de “Las tres Marías”, la más meridional, la más cercana al horizonte. Junto con Alnilam y Mintaka conforma el asterismo conocido como “Cinturón de Orión”.
Entre otras, esta estrella tiene la particularidad de habitar una región plagada de nebulosas de todo tipo, de emisión, de reflexión y oscuras.

Aquí conviven la luminosa Flama (NGC 2024) con la más famosa de las nubes de polvo: La oscura nebulosa de absorción conocida como Cabeza de Caballo (Barnard 33), sólo visible porque detrás está la nebulosa de emisión IC 434, que ilumina su fondo y provee el necesario contraste.
Lugar: Camuñas (Toledo)
Fecha: 221216
Telescopio: SW ED 80/600 con reductor de focal x0,8
Cámara: Canon 600D modificada
Filtro: UHC-S
Montura: Orión Skyview Pro.
Guiado: Lunático. Luna QHY 5 II
17 x 6´ Sin darks ni flats ni biass
Programas: PHD Guiding, DSS, ST y PS.

M 78

M78 es una nebulosa de reflexión situada en la constelación de Orión, cerca de la estrella Alnitak. Más o menos aquí:


Esta pequeña nebulosa habita una región del universo  (Orión) que es una verdadera orgía de luces y colores, por lo que poca gente piensa en ella cuando se cita la constelación.
Su azulada belleza discurre con exquisita discreción por los cielos nocturnos del invierno, a la “sombra” de sus  potentes vecinas M42, la Flama y la nube Cabeza de Caballo, que atraen con más fuerza las miradas.
Para el aficionado común y corriente, obtener una imagen impactante de M78 demanda más esfuerzo que el que requieren sus vecinas, pero vale la pena procurarla, y el frío, y los numerosos intentos fallidos.
Las jóvenes estrellas azules que alumbran la nebulosa junto con el contraste que aportan las nubes de polvo oscuro que la circundan, componen uno de los paisajes más hermosos del cosmos. La plenitud de su belleza está muy lejos del alcance de mis instrumentos, pero confío en que con la imagen que muestro en esta entrada, transmitiré una idea de lo que hay allí, a la izquierda de Alnitak, la bien acompañada.

Estos son algunos de los datos astronómicos del objeto:
Distancia: 1600 AL.
Magnitud aparente: 8.3
Tamaño aparente: 8´x 6´
Radio: 5 AL.

Este el objeto:



Y por último los datos de la toma:

Lugar: Camuñas (Toledo).
Fecha: 291216.
Telescopio: SW ED80/600.
Montura: Orión SkyView Pro
Cámara: Canon 70D a foco primario
Guiado: Lunático Luna QHY5II
Exposición: 18 tomas de 5´. Sin Darks ni Flats Ni Byass
Apilado: DSS.

Procesado. ST. y PS.



domingo, 27 de noviembre de 2016

Las Pléyades


Las Pléyades (Objeto Messier 45), forman uno de los cúmulos abiertos más cercanos a nosotros. Situado a tan sólo 450 años luz (cuarta arriba o abajo), son perfectamente visibles sin mediación de lentes ni espejos de aumento.
Esta peculiar reunión de estrellas ha recibido, a lo largo del tiempo, nombres tan sugerentes como “Las siete Hermanas”,  “Las siete Cabrillas” o “Los siete Cabritos”.
Los antiguos griegos, que las llamaban en su lengua “Las Palomas”, pronto les encontraron una utilidad práctica para sus vidas cotidianas: Las usaban para realizar valoraciones de la agudeza visual de la gente.
Los oculistas helenos pedían a sus pacientes que mirasen al cúmulo y declarasen el número de estrellas que veían en él. Si afirmaban que percibían siete es que veían bien y, por tanto, no eran buenos clientes para el facultativo de los acais (¡Coñ! era la A). Si veían menos es que algo había de falta, y algún dracma se podía sacar en concepto de consultas y sabios consejos. Si veían una informe mancha pálida, la cosa ya podía necesitar un tratamiento que, aunque de inciertos resultados clínicos, seguro que podía cambiar de bolsa algunos estáreos o  tetradracmas. Si no veían nada, ni siquiera la vecina Aldebarán, o Sirio, ya es que el tema estaba para ser derivado a los Oráculos.
En general, y como vengo diciendo, el cúmulo es perfectamente visible cuando discurre por el cielo nocturno, aunque en determinadas circunstancias se haga necesario recurrir a la visión lateral o periférica.*

Dada su visibilidad y la fuerza de su presencia en el cielo nocturno desde el final del verano hasta el final del invierno, las Péyades han suscitado la atención de todas las culturas y mitologías humanas, en todos los tiempos, figurando en los libros más antiguos y emblemáticos de que se tiene noticia, tales como la Torah o Antiguo Testamento, el Mahabarata, la Odisea o la Iliada entre otros.
Por “Mul-Mul” las nombraban los sumerios. Para los antiguos Hindúes su nombre es Krttyk, y estaban felizmente casadas con los Rishis (siete estrellas de la Osa Mayor), estado civil que no disuadía de desearlas al dios del fuego Agni.  Como las hijas de Pléione y del titán Atlas las conocieron los griegos. Los por entonces muy lejanos mayas, las mencionaban en el Popol Vuh o Libro de los Consejos, una recopilación de relatos que pretendía contener las respuestas a las atávicas  preguntas, aún vigentes, sobre el origen del mundo y de la humanidad, así como explicar los fenómenos que acontecen en la naturaleza, y todas esas cosas. Para ellos, el nombre del cúmulo era Motz, algo así como “Montón”.
La astronomía actual, escéptica ante las incuestionables revelaciones de las mitologías (también de las actuales), estima por sus mediciones que las Pléyades son un cúmulo de estrellas muy jóvenes, que se encendieron durante el periodo mesozoico de la Tierra, hace unos 100 millones de años. Su primera luz, por tanto, ya pudo ser recibida por ojos terrestres, ya había dinosaurios y otras muchas especies animales y vegetales que pudieron ser testigos del celeste natalicio.
Hay quienes aseguran que nuestro Sol pertenece a ese cúmulo, Pero las cifras lo desmienten. El conjunto de estrellas, que no son 7 sino más de 500 abarca una extensión aproximada de unos 12 años luz y, pese a su cercanía relativa de nuestro sistema, los 450 años luz que nos separan, así como la inmensa diferencia de edad entre aquellas estrellas y esta nuestra, son más que suficientes para situarnos fuera del cúmulo, pero la realidad es no pocas veces diferente del sueño y del deseo. Aunque no siempre es menos bella.
Yo, mi telescopio y mi cámara, damos fe de que este cúmulo tiene tanta belleza, visto tal como es, que no necesita antropomorfos “pleyadianos”  altos y rubios,  ni la contribución del arte y de la imaginación humana para mejorar su aspecto.
Pongo aquí la primera imagen que considero presentable de las varias aventuras fotográficas que me han llevado a dirigir mis bártulos a esas 3h. 47m. 10s. de Ascensión Recta y esos  +24º 7´ 32” de Declinación.



*Visión lateral o periférica.

Las células fotoreceptoras situadas en la retina se conocen como bastones y conos.
Los conos, concentrados en la fóvea (pequeña depresión de algo más de un milímetro cuadrado que ocupa el centro de la retina), se encuentran capacitados para la visión directa, aguda y detallada.  Están situados en el eje óptico. La luz que recorre el eje óptico se percibe con toda su resolución y su color, y es captada por estos conos, mientras que los bastones, situados  a unos 20º en las periferias de la fóvea, o sea fuera del eje óptico, visibilizan objetos de escasa luz, son muy sensibles, tanto a la luz como al movimiento, pero no captan color. Su gran ventaja y utilidad es que nos permiten ver objetos que escapan a la visión directa. Por eso hay veces en que cuerpos celestes débiles o difusos se ven mejor si en lugar de mirarlos directamente se mira a sus inmediaciones. Es decir, se utiliza la visión lateral.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Tiempo de Orión

Orión continúa persiguiendo a las Pléyades por los cielos.
El Toro sigue interponiéndose entre el cazador y las jóvenes estrellas objeto de su deseo. No hay avances apreciables en el antiquísimo lance, ni retrocesos. Nada ha cambiado en esta escena, al menos desde los tiempos a que alcanza la memoria de la humanidad.

(“¿Podrás tú atar los lazos de las Pléyades, o desatar las ligaduras de Orión?”  Libro de Job, Capítulo 38, versículo 31)

Pero no voy a engolfarme con las mitologías antiguas, ni con las modernas revelaciones que sitúan en esas hermosas estrellas la guarida de horribles seres grises, antropomorfos (como no podía ser de otra manera) pero bajitos, feos y deformes, cuya principal ocupación consiste en abducir inocentes terrícolas para operarlos, sepa usted de qué ni con qué fin, en sus quirófanos siniestros. Sin que exista constancia de análisis preoperatorios, ni más convalecencia que un discreto borrado de los recuerdos de la estancia en sus naos. Tratamiento este último no muy eficiente, al parecer, pues algunos explican con pelos y señales lo que les vino a acontecer en el nefando percance de la abducción, y aun exhiben ciertos artificios que, de industria, les fueron implantados en las carnes antes de devolverlos a sus cotidianas faenas terrenales, que ahora incluyen el pormenorizado relato de los hechos en los foros habilitados para tales discursos.

Constelación de Orión entre nubes terrestres.
No, no voy a hablar de esto, no más de lo que ya lo he hecho. Tampoco voy a dar la brasa con datos astronómicos, distancias, magnitudes, composiciones ni cosas por el estilo. Para eso están los libros. Bueno y la Wiki, al menos mientas viene o no viene la gran tormenta solar que anuncian los augurios de moda. Dicen que si sucede tal como es de esperar nos dejará sin luz eléctrica durante un tiempo. De acontecer tal caso, recomiendo encarecidamente aprovechar la ocasión para contemplar el cielo nocturno. Si está despejado y es Otoño o Invierno, se podrá ver el precioso espectáculo que sigue dando Orión noche tras noche, de forma gratuita, en las inmediaciones del ecuador celeste, y por tanto para los dos hemisferios, con su vistoso cinturón, también conocido por  “Las tres Marías” (Alnitak, Alnilam  y Mintaka), con la gigantesca y anaranjada Betelgeuse, con Bellatrix, Saiph, Rigel y Hatsya. Y con la relativa vecindad de las citadas Pléyades (a las que dedicaremos una generosa entrada), de Aldebarán y de Sirio, la más brillante estrella de nuestro cielo, después del Sol.
Entre los astros de Orión hay una gran abundancia de nebulosas de todo tipo: De emisión, de reflexión y oscuras. De hecho toda la constelación está envuelta en una gigantesca nube, con zonas tenues como el inmenso arco de Barnard, la nebulosa de reflexión M78 o el Mago; con emblemáticas nebulosas oscuras, como la Cabeza de Caballo, y con objetos luminosos fáciles de ver, como la nebulosa de la Flama, la de Mairan y, sobre todo, la Gran Nebulosa de Orión.
Cualquiera que se inicie en la afición a la observación o a la fotografía de cielo profundo, tiene una obligada y pronta cita con la Gran Nebulosa de Orión, también conocida como M42 por ser el objeto 42 del célebre catálogo Messier. Puede verse a simple vista, y con un sencillo equipo fotográfico podemos sacarle los colores en breves segundos de exposición.
Yo, que debido a las limitaciones de mi equipo, tengo que conformarme con los objetos más accesibles, encuentro en esta constelación una especie de Parnaso de la astrofotografía, y la frecuento mucho. Podría exhibir un álbum con las imágenes que he tomado de la Gran Nebulosa, pues son numerosas y variadas en calidades (Van de muy malas a regulares, aunque alguna hay aceptable para el nivel del material) Pero, para no saturar, voy a dejarlo en un botón muestra.
Esta es la más reciente, y primera de la presente temporada.
En ella puede verse M42 (la Gran Nebulosa de Orión). Adherida a ella, y como figurando una cabeza de ave, a la izquierda está M43 (La Nebulosa de Mairan) y un poco más a la izquierda brilla la nebulosa “Running Man” (Corredor), que tiene asignado el número 1977 en el Nuevo Catálogo General, NGC por sus siglas inglesas.

Bajo la imagen pongo los datos de la toma, cosa que gustan ver los aficionados, bien para aprender, bien para criticar, bien para corregir, bien para comentar o más bien para chichorrear, aunque siempre de buen rollo. 

M42 031116
Lugar: Camuñas (Toledo)
Fecha de la toma: 03/11/2016
Montura: Orión Skyview Pro.
Telescopio: Sw ED 80/600 con reductor de focal 0,8X
Cámara: Canon 600D modificada.
Guiado: Lunático, Cámara Luna QHY5 II
Filtro: UHC-S para reducir la contaminación lumínica (toma urbana)
Exposición: 12 tomas de 300" + 10 tomas de 20" para compensar la sobreexposición del núcleo. Sin Darks, Flats ni Byass.
Apilado: DSS
Procesado y postprocesado: Startools y PS.




martes, 23 de agosto de 2016

Los inicios II

El “éxito” obtenido con Andrómeda, me llevó después a intentar otros objetos.
No pude sustraerme a la polícroma atracción de Orión y, en cuanto se colocó frente a mi terraza, orienté mi teleobjetivo de 300 mm. hacia su cinturón con este resultado:

Por entonces ya había rescatado del desván un viejo telescopio de juguete, marca Konus, un refractor con montura altacimutal simple de 70/700, que bastantes años atrás compré para intentar que mi hijo se iniciara en la afición desde su tierna infancia. Eso no sucedió, por lo que el único usuario del juguete fui yo. Y lo tenía prejubilado por que las holguras y el deterioro general de la montura lo hacían muy difícil de usar.

Ahora lo saqué con la intención de arreglar la montura o sustituirla y conectarle la cámara fotográfica, a la que, a tal fin, le acoplé esta chapuza de fontanería:

Luego compré la montura de sustitución, pero con un telescopio newtoniano encima. Un reflector de 130/650 cuyo portaoculares tuve que modificar severamente, a base se sierra y lima, para poder hacer siquiera alguna foto medianamente enfocada. La operación del tubo ya me hizo barruntar que la cosa de la astrofotografía no iba a resultar fácil.
Sin embargo, el ansia viva me llevó pronto a adquirir una montura ecuatorial motorizada (naturalmente de segunda mano)y dar un paso largo hacia adentro de la afición. Por entonces me afilié a la Agrupación Astronómica Madrid Sur, donde encontré toda la información y los apoyos necesarios para iniciarme en esto.

Iniciándome, pues, estoy ahora, y compartiendo la experiencia de mi constante inicio del que estas y otras cosas similares constituyeron los primeros pasos:





Y pensar que me ponía tan contento cuando conseguía una imagen de estas...
Luego la cosa mejoró un poquito, pero no demasiado, como podréis ir viendo si tenéis el aguante suficiente para seguir el blog.

sábado, 20 de agosto de 2016

Los inicios

Ya me lo hizo notar mi padre cuando,gozando aún de mis días infantiles, me preguntó qué clase de tocino del que compone un jamón me gustaba más, si el blanco o el marrón. Ante mi decidida respuesta de que era mucho mejor el marrón (dónde va a parar), él adujo, también con determinación: -No tienes malos gustos pa ser tan joven.- Y tan pobre, podría haber añadido sin marrar el juicio.
Pese a ser un vulgar obrero, siempre he tenido aficiones burguesas.
 Tal contradicción me ha llevado a sufrir la constante abstinencia de sus prácticas, habiéndome de contentar con ver y admirar lo que hacían otros. Así con la montaña como con los deportes aéreos, la astronomía o la fotografía. Aunque con esta última no me han faltado ocasiones de "quitarme el mono", desde mi primera cámara, la entrañable y barata Werlisa, hasta la avalancha digital pasando por las clásicas y pesadas réflex del otro lado del telón de acero.
Ya entrados los años de la madurez, palabra esta que en la presente edad va comenzando a ser salvífico eufemismo de senectud, pude llevar mi cámara fotográfica en la mochila de algunas excursiones montañeras, o en la angosta cabina de algún velero sobrevolando campos de Castilla, o de algún precario ultraligero.
La transversalidad de la fotografía es lo que tiene, que se pueden matar dos pájaros de un tiro sin efusión de sangre.
Así, una noche estival del año 2013, cuando, tendido en una cómoda hamaca, practicaba mi sencilla afición a mirar las estrellas con no más que los ojos y las ligeras gafas de ver, se me ocurrió la idea de intentar un retrato de Andrómeda. Nada menos.
Quizá el mayor esfuerzo de la aventura fuera abandonar la distendida posición sobre la hamaca vacacional, pero una vez logrado, monté la cámara equipada con un generoso teleobjetivo de 300 mm. sobre el frágil trípode, y busqué la galaxia infructuosamente en la pantalla. Tras diversos intentos conseguí atraparla en el encuadre, pero  nada más. No había manera de reconocer el célebre objeto Messier 31 en aquellas primeras tomas, ni siquiera de sospecharlo.
Así que recurrí al Gran Oráculo, a la omnisciente Red. Allí descubrí un mundo ignorado hasta entonces por mí: El universo de la astrofotografía amateur, sus recursos y la suficiente información como para saber que podía intentarlo.
A continuación os muestro los resultados de aquellos primeros escarceos.
Podría hacerlo, quizá debería hacerlo, pero no me avergüenzo de estas imágenes. No son malas, son malísimas, acaso impresentables, pero cuando las capté, cuando vi que se podía reconocer la galaxia, que se podían intuir sus estructuras, sentí una satisfacción cuya repetición es cada vez más improbable, pese a la evidente mejora que he experimentado en técnicas, tecnología y experiencia.
Por otra parte, supongo que para quien se inicia en esta afición, ver la extrema pobreza que acompaña los inicios de otros, puede ser algo alentador.
Mi primera fotografía de Andrómeda


Vía Láctea con satélite Iridium

Continuará...